Seguro que todos tenéis, o conocéis a alguien que tiene, una historia que contar acerca de su nombre. Por ejemplo, un ex-compañero y amigo de Christoph se llama oficialmente Markus Oliver porque a su padre se le cruzaron los cables en el registro y le dio la vuelta a los nombres que habían pensado darle. Sin embargo, nadie le llama Markus, así que en el colegio siempre había algún momento singular cuando el profesor de turno se dirigía a él como Markus y él no se daba por aludido. Otro ejemplo es el de Theo, que iba a ser una Christina, pero en vista de que no tenía nada de Christina, los padres decidieron llamarle Theo a secas. El tipo del registro se negó en redondo a aceptar ese nombre porque era un diminutivo y entre todas las posibilidades, su padre eligió Teofilo (no sé como se escribe en alemán), ¡pa matarlo!. Eso sí su segundo nombre es Christian.
Y el caso más singular sin duda es el mío xDD El hecho de que mi hermana y yo nos llamemos como las infantas es culpa de un funcionario del ayuntamiento de Oviedo que el 10 de noviembre de 19*beeep* decidió tocarle las narices a mi padre y no aceptar Sandra como nombre. Sí, señores, yo debería haberme llamado Sandra, como era el deseo de mis padres. Cuando el tipo del registro le dijo a mi padre que Sandra era el diminutivo de Alejandra y por tanto no era un nombre propiamente dicho y que si querían llamarme Sandra, debía estar registrada como Alejandra, mi padre, a falta de posibilidades de comunicación con mi madre (que aún estaba en el hospital conmigo en brazos y llamándome Sandra), llamó a mi madrina y lo consultó con ella. Toña, que debía de estar leyendo el “Pronto” en esos momentos, sólo se le ocurrió ofrecerle dos opciones: Cristina o Elena. Mi padre eligió Cristina porque “Elena le sonaba a vieja”. Lo que hubiera dado por estar consciente y ver la cara de mi madre cuando mi padre volvió al hospital y le dijo: “No llames a la guaja Sandra que se llama Cristina” xDDDDDD Me costó años reconciliarme con mi nombre, porque si a mi padre Elena le sonaba a nombre de abuela, a mí Cristina me sonaba a nombre de niña pequeña y no podía imaginarme ser adulta con semejante nombre. En algún momento debí de conocer a alguna tocaya mayor o algún personaje importante y/o histórico (que no hay muchos, todo sea dicho de paso) y supongo que poco a poco mi nombre empezó a gustarme, o simplemente me resigné.
Y como la mía, hay historias a montones y siempre son divertidas para escuchar xDDD Ahora bien, lo que ya no entiendo es que en pleno siglo XXI le pongas a tus hijos/as Filipa, Apple, Lhasa o Cruz (véase la familia Beckham) por nombre. A veces es de lo más descojonante leer en el periodico los nombres de los nuevos bebés… Y digo yo, ¿estos padres se dan cuenta de que su hijo/a tiene que vivir toda su vida con ese nombre? En fin…
Contadme vuestras historias con los nombres y nos reimos juntos un rato 😉
Con esto y un bizcocho… Besos
Cris
PS: ¡Felicidades, papi! ^____^