… me pillas en la cocina
embadurnada de harina
con las manos en la masa
Decía la madre de mi mejor amiga que «quien sabe leer, sabe cocinar». ¡¡Ja!! De haberme quedado en España y haberme independizado, las habría pasado canutas aprendiendo a cocinar. ¿Por qué? Pues porque los libros de cocina en español, especialmente los escritos por españoles, se enrollan como persianas en cosas totalmente ridículas que a nadie importan y que no te sirven para aprender lo básico. Se pierden en detalles de cosas que aprenderás con la práctica y la maña que cojas manejando la sartén, en vez en presentarte la receta de la forma más sencilla y práctica para facilitarte el trabajo. Y ya no hablo de la falta de explicaciones básicas en todas partes sobre cosas, como por ejemplo, cómo picar una cebolla sin cortarte todos los dedos de la mano…
¿Y a qué viene esto?, os preguntaréis, ¿por qué le ha dao a ésta ahora por echar pestes contra los libros de cocina en español? En realidad, no es sólo contra los libros de cocina, es contra cualquier receta en español. Todo viene a cuento de la receta que preparamos el sábado para la cena. Era bien sencilla, pero por causa de las ganas que tienen los escritores de recetas de ayudarte hasta en el más insignificante de los detalles cuando redactan, los langostinos quedaron a medio cocinar. Y yo acabé frustrada… No es que yo sepa escribir recetas mejor, ¡no se me ocurriría afirmar algo así! De hecho, nunca en mi vida he creado mi propia receta, pero he disfrutado y aprendido de los mejores libros de cocina del planeta: Betty Bossi y Tiptopf, así que las recetas españolas me lían, me estresan… xDDD
Betty Bossi es la cocinera imaginaria que lleva desde el 56 enseñando a cocinar a los suizos (aunque empezó para enseñarles a cocinar con margarina en vez de con mantequilla a estas alturas es toda una institución en lo que a enseñanza se refiere) y Tiptopf es uno de los libros de textos de las escuelas suizas para la asignatura que en mi instituto se llamaba “Hogar”. En éste último no sólo tienes recetas básicas, incluído cómo freír un huevo, sino también teoría sobre alimentación y nutrición y muchas más cosas que son el contenido de la asignatura en cuestión. Los libros de Betty Bossi son la base de todo lo que sé de cocina (No, mami, María Luisa García Sánchez no me enseñó nada, en todo caso me lió de lo lindo ¬¬). Mi libro favorito, aunque tengo unos cuantos que uso muy a menudo, es Fernöstliche Spezialitäten, que viene a decir, “Especialidades orientales”. Ese libro fue el que provocó la primera cena internacional allá por el 2003, así que además le tengo especial cariño 🙂
Y os preguntaréis qué es lo que hace diferente a estos libros con respecto a otro libro de cocina normal y corriente. Pues básicamente es la estructura. Está hecha para dummies, para que no te pierdas, en el orden en el que tienes que hacer las cosas y sin rodeos ni florituras. Además, las recetas suelen estar complementedas con información adicional como por ejemplo, dónde encontrar tal o cual ingrediente o qué podrías usar para sustituir lo que no tienes, o simplemente consejos para alterar la receta… Para muestra un botón: Pollo agridulce. Comparais esta receta con cualquiera de las de los libros de la arriba mencionada, María Luisa García Sánchez y entenderéis a qué me refiero.
Iba a contar alguna que otra cosa más sobre la forma de escribir de los reporteros de la revista Desnivel y su “elefante prehistórico”, pero ya estoy cansada xDD Esto lo empecé en la empresa y ahora ya son las 11 y media y me voy a la cama. Hoy he corrido 6 kilómetros y estoy muertita 😛
Con esto y un bizcocho… Besos
Cris
PS: Disclaimer sobre el post, aunque no lo diga, debería sobreentenderse que esto es mi opinión basada en los ocho o diez libros de recetas en español que tengo y que hace siglos que no uso.
PS2: ¡Tachán! Las fotos de la visita de L y del camping en Klöntal están colgadas: say cheese